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La Coctelera

PROFESORADO DE HISTORIA DEL IES Nº 1

Categoría: MEDIA

8 Agosto 2006

DOCKES, Pierre. “Finales del esclavismo. Formas de explotación en la Alta Edad Media y su crisis”. En La liberación medieval. F.C.E. México. 1984.

Finales del esclavismo.
Ponemos finales en plural, porque son varios. Por lo menos uno para el especialista de la Antigüedad; ligado al ascenso del sistema del colonato y otro para el especialista de la Edad Media, ligado a la colocación de los esclavos.
La crisis, y luego la desmembración geográfica del Estado romano, la degeneración del Imperio Romano de Occidente y después el fin del Estado “propiamente dicho” en Occidente, no es un fenómeno dado una vez, es un proceso plurisecular. Podremos apreciar que la cuestión de la causa, o de las causas, de esta larga agonía del Estado es fundamental, que no se debe al azar que el Occidente esclavista conozca la crisis de Estado más profunda en el momento mismo en que la relación de producción se derrumba como relación dominante o recíprocamente, que el Estado puede sobrevivir en Oriente, allí donde perdura una base social económica distinta, el campesinado sometido.

a) La crisis del siglo III
Entre los fenómenos más visibles de la crisis del Imperio se hallan las invasiones bárbaras en Oriente y Occidente. La penetración se hizo más importante y sobre todo entre los años 240 y 270 el Imperio sufrió una presión casi simultánea procedente de todas las direcciones. Los godos (233- 234), después son los vándalos (hacia 248), todavía los vándalos y también los burgundios (268- 270). En realidad, todas las tribus bárbaras parecen afluir hacia en año 269- 272.
La crisis del estado, es particularmente asombrosa. Hay que hacer hincapié en el ejército, la administración y el sistema fiscal: en esas tres direcciones, cuando no existe descomposición, hay autonomización y aparición de fenómenos multiplicativos.
Desde el siglo I, los ejércitos se reclutaban cada vez menos entre los ciudadanos romanos: los peregrinos (auxiliares) constituían casi la mitad de ellos; después incluso se introdujeron cuerpos de numeri, compuestos no solamente de bárbaros, pero que conservaron sus métodos de combate, sus armas y sus jefes subalternos. El mando de estas tropas de numeri sigue siendo romano en el siglo II, pero pasa a los bárbaros en el siglo siguiente. La barbarización del ejército todavía no está hecha: la mayoría de los soldados continúan siendo provincianos, de las regiones en las que acampa el ejército. La carrera militar tiende a convertirse en una especialización bajo Galieno los senadores ya no pueden convertirse en oficiales superiores, los altos grados son reservados a la clase ecuestre que fusiona la carrera militar y la carrera de funcionario.
El hecho de que los militares de orden ecuestre ocupen el poder provincial, eliminando a los senadores, la necesidad de contener el empuje bárbaro y, como siempre, los defectos, se añaden a la autonomía iniciada en el ejército para hacer de éste la fuente de poder político. El emperador era cada vez más el único poder, pero no es ya más que un jefe militar de reinado inestable.
El derrumbamiento del estado se distingue no solamente por una anarquía militar, sino también por tendencias cada vez más profundas hacia la dislocación administrativa: la administración romana se perpetúa en la crisis gracias a su prodigiosa solidez, pero tiende siempre a ser más autónoma; funciona tanto sobre su propia base que los emperadores han acabado por eliminar todo otro poder que no sea el suyo. Ante todo la administración tiende a regionalizarse.
La crisis fiscal es una de las causas evidentes de agravación de la crisis fiscal. Impone la dislocación administrativa, la autonomización regional, pero también el despotismo local. Tiende a volver más difícil la vida de los ricos en la ciudad (donde son pesadamente gravados con impuestos) y les invita a irse a vivir a sus tierras.
Es imposible precisar las conexiones entre las diferentes crisis “locales” que cristalizan en esta crisis general de extraordinaria complejidad.
El proceso plurisecular de concentración de las tierras, de enriquecimiento y de reforzamiento, de los poderosos, de pauperización de las clases intermedias, se nos presentará como una cuestión estratégica: responsable en cierto modo de la crisis, se refuerza en ésta.
En el siglo III los grandes propietarios se enriquecen, extendiendo sus dominios, se reafirman y se autonomizan sobre sus villae. Productores y acaparadores de víveres, especuladores, obtienen considerables beneficios y los reinvierten en tierras. Los pequeños campesinos son agobiadores por el fisco, son los más pobres los que deben vender en primer lugar , pero pronto las clases medias urbanas y aquellas de sus miembros que eran hacendados deben ceder también. Los poderosos, refugiándose en sus villae, obligan a seguirles a las masas que dependían de sus subsidios y de sus gastos. En los campos no hay ya más que los grandes propietarios.
La crisis general divide a la sociedad civil (los libres) en dos únicas clases, los poderosos y los pobres, elimina las capas intermedias.
Las diversas perturbaciones, las invasiones, los ejércitos autónomos, la crisis económica, el bandidaje que se extiende y la desorganización general no pueden más que reforzar este proceso de concentración. No se trata de la crisis final. Los latifundistas y el estado pueden reaccionar mediante un hiperdespotismo. El estrado, instrumento de la represión de una clase, muere convirtiéndose intensamente en lo que es. Su violencia acude en apoyo de la violencia privada de los grandes propietarios para tratar de fijar al campesinado en la tierra de los amos; por razones fiscales, ciertamente, pero también porque los grandes propietarios “están faltos de mano de obra”.

b) Restablecimiento del orden y colonato: primer “final” de la esclavitud.
El restablecimiento del orden imperial se llevó a cabo a fines del siglo III, con Diocleciano, y a comienzos del IV con Constantino. La clase dominante reacciona: se esfuerza en petrificar las estructuras sociales, en hacer hereditaria la división social del trabajo. El estatuto libre del campesinado pierde su significación real, sólo el despotismo permite asegurar temporariamente la solidez del edificio social. La lógica acaparadora de los latifundistas descarga todo el resto sobre “los pobres”, que tienden hacia una condición real cada vez más sometida.
Una ley del año 332 abre la serie de medidas por las cuales el estado de los “poderosos” trata de atar los campesinos a la tierra. Pero estas prácticas de colonato no son en modo alguno sólo el resultado de las decisiones administrativas. La violencia jurídica, el derecho, viene a justificar y afirmar la violencia privada, el hecho, colonus, en su origen, significa simplemente cultivador con contrato de arriendo.
La tendencia a la división del cuerpo social en dos clases hace necesaria esta transformación del tenente libre en colono.
Las mismas causas hacen que el patronicium (patronato) adquiera una amplitud considerable; reforzándose en la crisis y el desorden, se consolida en el período de restablecimiento de la autoridad pública. Los poderosos ofrecen su protección a la manera de los mafiosos, y a un pobre le es muy difícil evitar vender sin contrapartida su tierra y hacerse tenente. Algunas veces, las aldeas enteras pasan a quedar bajo la protección de un amo y bajo su propiedad. Violencia pura, violencia oculta tras el contrato, violencia indirecta por intermedio del estado y de su presión fiscal, protección efectiva contra otra violencia; por todos estos medios se desarrollan la expropiación y (después) la servidumbre del campesino.
La presión fiscal en las ciudades incita a los “poderosos” a abandonarlas, puesto que la desaparición de las capas intermedias y la insolvencia de los pobres les expondría a hacerles soportar el peso esencial. Cuando empiezan a abandonar la ciudad, el proceso se torna rápidamente acumulativo; pronto llegan todos a sus villae. Transportando sobre el terreno el gasto del excedente, arruinan, acaban por arruinar la economía urbana, la economía del cambio en general. Y los impuestos se vuelven todavía más difíciles de recaudar, de ahí las crecientes dificultades del estado.
La propia cuestión financiera hace que en las aldeas de campesinos libres el estado imponga el consortum, responsabilidad colectiva de los habitantes que les ata de hecho a la tierra. El campesino que no puede pagar, poniéndose fuera de la ley, no tiene ya otra posibilidad que huir para situarse al abrigo del patronato de un poderoso.
Los historiadores comprueban en el siglo IV (y ya en el siglo III) una reducción de la esclavitud. A partir de los siglos III y IV, al lado de los colonos, hombres de estatuto libre, empiezan a encontrarse esclavos colocados, es decir, a los que se les ha dado una casa y una parcela para cultivar, parcela más o menos extensa a la cual consagra una porción más o menos grande de su tiempo, quedando ocupado el resto de éste en la tierra del amo que ha permanecido sometida a rendimiento directo. Se pasa a las primeras formas de servidumbre, ya sea como consecuencia de la “elevación social” de los esclavos que han llegado a ser colocados, o bien como resultado “del descenso” de los campesinos libres convertidos en colonos.
A fines del Bajo Imperio, lo esencial del llamado señorío rural está sobre el terreno. El amo vive, señor de la tierra, en su dominio, con sus campesinos tenentes ligados a esta tierra, con un equipo mantenido de esclavos en chusma, con sus esclavos colocados. La villa que, en todo tiempo, se esforzaba en bastarse a sí misma, adquiriendo lo menos posible en el exterior, ahora casi ya no vende más que en mercados considerablemente reducidos.

c) Derrumbamiento del Estado, resistencia de la villa: segundo “final” de la esclavitud.
La villa, lugar esencial de la explotación, resiste modificándose o se hunde para renacer bajo una nueva forma.
La relación de producción que se manifiesta en el colonato se modera y se extiende. Lo que ha cambiado es el estado, así como la esclavitud agrupada en chusma cede su puesto a una nueva forma que pronto se convertirá en feudalidad. Asistimos a la aceleración de un proceso ya comenzado en el siglo III; la colocación de los esclavos, pero su importancia cuantitativa constituye un fenómeno fundamental en la época merovingia.
El estado augustal, con base social duradera gracias a los diferenciales étnico-sociales, al sistema de la jerarquía, a la relativamente amplia repartición de las ganancias esclavistas e imperialistas, no puede resistir cuando la lógica de la separación en dos clases alcanza prácticamente su límite por el proceso de concentración de la propiedad ligada al patronato y al sometimiento de los campesinos. El poderío de los señores hace que, aún cuando por su interés colectivo le convenga asegurar la potencia del estado, no puedan más que negarlo individualmente. De ahí la búsqueda de nuevas alianzas. Desde el siglo IV los latifundistas, los patronos contra el estado -y la reacción estatal contra el patronato- e incluso a menudo su alianza de hecho con tribus germánicas.
En el siglo V se comprueba netamente una colusión conflictual entre los jefes bárbaros, los latifundistas y los jefes militares “romanos”. Se trata de los comienzos de la lenta formación de una nueva coalición de la clase dominante, potencia rural, potencia militar, potencia de los bárbaros, tienden a interpenetrarse; lo antiguo, el estado romano, impotente ante la transformación de las estructuras sociales y étnicas del imperio, debe desaparecer. Era necesario mantener la explotación de las masas campesinas, intentar el mantenimiento de un orden, y finalmente, preservar la villa. La independencia frente al estado no es un fin en sí para el latifundista, pero el debilitamiento del estado, unido al hundimiento de su base social, hace necesaria para la clase dominante la búsqueda de otra organización de su poder sobre la clase explotada.
Alianza de la nobleza rural y del sable, necesidad de acuerdo con la fuerza surgida de Germania... falta a priori algo. La Iglesia y el estado romano estuvieron aliados largo tiempo. En una primera época, la Iglesia no pudo hacer otra cosa que intentar oponerse a la penetración de los bárbaros paganos. En el siglo V el cristiano ya es la ideología de la clase dominante, la de los hacendados. Ha ocupado el sitio de la ideología augustal y se mantendrá soñadoramente imperial durante siglos, se convertirá en ideología del feudalismo. La alianza de los grandes propietarios y de los bárbaros aparece claramente en el momento de la conversión de Clodoveo después de Tolbías. La antigua clase dominante percibe que no debe temer la reversión del orden social que no tiene que ser reemplazada, solamente hacer un sitio.
No hay guerras de conquista, sino ante todo penetración paulatina, prácticamente pacífica.
Cuando se trata del gran movimiento de invasión desencadenando sobre el Rhin en el año 406, ¿qué encontraron los bárbaros? Ciudades reducidas y, sin duda, algunas villae rodeadas de empalizadas esforzándose en mantenerse y llegando a veces a hacerse defender por .... los bárbaros.
Ch. Parain: “Los bárbaros germanos, ocupando paso a paso el imperio, restablecieron un campesinado libre organizado en comunidades aldeanas”. En la Galia particularmente, las antiguas estructuras tribales, colectivas, sin duda alguna habían sobrevivido y fueron reactivadas ciertamente por la penetración bárbara. No habría que atribuir a la agresión externa la renovación de la libertad colectiva, la creciente importancia de los vici (aldeas en que la propiedad privada del ager está acompañada de fuertes reglas colectivas) y el papel de las jefaturas de aldea. Estos progresos sociales temporarios son un momento de la lucha de clases, aún cuando las invasiones desempeñan un papel esencial en la evolución de las relaciones de fuerza entre las clases.
Después del reinado de Cómodo hubo en la Galia una insurrección campesina de gran magnitud. Duraría hasta el fin del siglo V y, aún tendría repercusiones más tarde. Éstas rebeliones, las bagaudas, parecen haber tenido lugar en la Galia hacia el año 300. Parece ser que vencida militarmente, a campo raso, la insurrección de los bagaudas no desapareció, pero pasó de la estrategia de los “batallones” a la de la “guerrilla”.
Sería evidentemente importante saber con exactitud cuáles son las capas sociales rebeladas. Desgraciadamente, son escasos los historiadores del fin del imperio que hablan de estos bagaudas. Con Finley y Thompson descubrimos que, en todo caso, los tenentes libres y los esclavos cooperaban, lo que no tienen nada de sorprendente dada la tendencia al reagrupamiento de las capas inferiores del campesinado en una clase dominada, en que la fracción que trabaja primero, familiarmente una parcela y vive en una cabaña independiente, tiende a aumentar con respecto a la esclavitud realizada en chusma.
Es necesario comparar las bagaudas de fines del siglo III hasta el siglo V, con la insurrección de los circuncelianos en África. Se ha pretendido hacer de estos revoltosos simples bandidos animados de un fanatismo religioso o señalar en carácter indígena antirromano, antiimperialista del movimiento.
Gagé dice que parece probable que fueran vagabundos que rondaban en torno a las tabernas, pero no es evidente que Gagé tenga razón cuando juzga que eran reclutados entre los jornaleros agrícolas que iban de granja en granja, según la estación del año. Se basa en un edicto. Pero ¿por qué no podría tratarse también de fugitivos de más o menos larga data, de esclavos o colonos, proscriptos, de “cimarrones” como se llamará a los negros fugitivos?.
La lectura de los testimonios hace que esto resulte probable. Parece que los propietarios de tierras y de esclavos temen por su títulos de adquisición de estas tierras y de esos hombres que en todas partes de liberan con ayuda de estos rebeldes, y que vayan naturalmente a engrosar sus tropas.
El estado imperial nace como consecuencia de las grandes revueltas serviles del final de la República: era necesario para mantener el orden social esclavista e imperialista; resultaba posible gracias a la alianza de las clases dominantes (hacendados y financieros), a la existencia de una amplia base social, diferenciada y jerarquizada, beneficiaria de las ganancias extraídas de los esclavos y de las provincias. Pero el proceso de acaparamiento de las tierras, de servidumbre real del campesinado, la ruptura en dos clases únicas, reduce la base social de este estado, resume pronto en la villa la economía y la sociedad, de ahí el debilitamiento del estado imperial, las insurrecciones y las invasiones bárbaras.
La huída de los esclavos y de los colonos, su rebelión junto a las invasiones bárbaras producen a menudo en el siglo V, como ya en el III, la destrucción física (incendio) de la villa, su desaparición temporal como unidad de explotación. Sus esclavos y colonos debieron encontrarse entonces de hecho como campesinos libres sobre sus parcela. Es cierto que volverá a existir un amo, pero la forma de explotación cambiará con respecto a la antigua villa y será temporalmente más moderada. a menudo incluso la villa debió “resistir”.
Ella se amolda ante revueltas e invasiones, deja distenderse las ligaduras de dominación, suavizarse la explotación de los colonos. La nueva aristocracia latifundista nace de la alianza entre los jefes bárbaros, los propietarios galo- romanos, los generales “romanos” y el clero. La esclavitud en masa o chusma, base del antiguo orden, forma dominante de explotación, resistirá durante largo tiempo, con altibajos, pero tenderá a quedar marginada hacia el fin de la Alta Edad Media.

Formas de explotación en la Alta Edad Media y su crisis.
Nada sería más absurdo que confundir el (o un) modo de producción feudal con una producción feudal con una descripción de las formaciones económicas o sociales medievales.
El antiguo esquematismo había cometido (al menos) un doble error: no tuvo en cuenta la permanencia de una importante esclavitud en chusma, y atribuyó una importancia excesiva, demasiado general, a las corveas.

a) Complejidad de las relaciones sociales en la villa alto-medieval.
En la villa merovingia o carolingia se encuentra ante todo un equipo de esclavos relativamente numeroso. Estos esclavos prebendados viven “del pan de su amo”, en las dependencias del patio, y trabajan en equipo. El señor les “tiene en su mano”. Es la antigua forma, siempre presente, de la esclavitud en chusma, trabajan en la parte del dominio destinada al rendimiento directo.
Hubo una compensación global de la habitual reducción de la manada servil por mortalidad, manumisiones o fugas, mediante sometimientos más o menos masivos.
El sometimiento se lleva a cabo por las vías tradicionales: condenas judiciales, ventas de niños y sobre todo, mediante la guerra.
Me parece que se puede formular la siguiente hipótesis sobre la merma de la esclavitud: las fugas son importantes en el momento de trastornos sociales e invasiones, del derrumbamiento o de la crisis del estado, y lo mismo ocurre con las manumisiones masivas y las colocaciones. En cuanto al aumento de la esclavitud, depende de las guerras de razzia, aunque también de las invasiones con rápido restablecimiento de un orden, las posibilidades de sometimiento de los campesinos libres, del poder represivo del aparato del estado. Hubo, quizás, en el siglo VII (por lo menos en su segunda parte) un importante movimiento y merma de la esclavitud y de colocaciones y un ascenso del post esclavismo con los Pipínidas a partir del principio del siglo VIII y naturalmente con el imperio de Carlomagno. Tras el hundimiento de esta tentativa imperial, de su aparato del estado, con las perturbaciones sociales y tribales los vikingos, los sarracenos y los húngaros, el esclavismo se hunde en la segunda parte del siglo IX y principios del X.
En el dominio merovingio o carolingio se encuentra a continuación a los coloni. ¿Ha cambiado mucho su situación desde el fin del Bajo Imperio? Y ¿en qué sentido? Ellos son siempre libres de estatuto y generalmente parecen tener la tierra y –pero quizás menos a menudo- ser tenidos por ella.
Es probable que la crisis, y después el hundimiento del estado romano, tornara harto infructuosa la pretensión de sujeción del campesino a la tierra por parte de los propietarios en los siglos IV y V. Con la información de los reinos bárbaros ¿hubo quizás un reforzamiento del señorío rural, movimiento que prosiguió en la Galia con el ascenso y posterior apogeo carolingio?
Las posibilidades de huida y de formación de bandas fueron sin duda bastante importantes para justificar que el derecho se adaptara a la realidad. Hacia el año 750, si bien el colono tenía aún la tierra, no la poseía “realmente”. Sin embargo, yo formularía la hipótesis de un reforzamiento relativo de la dependencia de los coloni a su tierra y por lo tanto a su amo, de un agravamiento del sistema de servicios a prestar durante el orden carolingio.
Encontramos también sobre el dominio a los menos protegidos, en las nuevas formas adquiridas por el antiguo patronato. Mediante la violencia abierta o enmascarada los pequeños propietarios rurales tuvieron que vender o dar su tierra a los grandes, laicos o religiosos, para recuperarla en precario a menudo en principio con algunos sometimientos a diversas corveas. Algunos campesinos, a veces los vici enteros, acudían “libremente” a pedir protección, es decir, a ser sometidos de hecho. La villa “clásica” con su reserva y sus tenencias no se constituyó solamente (ni sobre todo) por desmembramiento de las zonas en productividad directa, sino por el engrandecimiento gracias al patronato del Bajo Imperio, y después a la protección y a la eternizada precariedad alto- medieval.
El antiguo colono y el nuevo protegido son libres de estatuto; pero, al lado de estas tenencias ingenuas, se acrecienta el número de tenencias llamadas frecuentemente serviles.
Generalmente los esclavos colocados deben (al menos al principio) aportar un anticipo, en dinero, en especie o en fuerza de trabajo, más importante y sobre todo más indeterminado que los libres. Durante los siglos VIII- IX, aún existiría por consiguiente un abismo entre los campesinos libres- tenentes y los esclavos colocados. Pero esta división tiende a difuminarse con la instalación de libres en los mansos serviles, con los matrimonios... añadamos que el esclavo colocado era a veces manumidos sin que ello supusiera un cambio verdadero. Con frecuencia tenía simultáneamente que renunciar a su libertad y aceptar ciertos deberes de sumisión, en particular corveas mal definidas, y la capitación o pago de tasas por cabeza que venía a subrayar a su sumisión; o sea, la manumisión con obediencia. Las cargas que pesan sobre los tenentes libres de estatuto son sin duda muy acrecentadas entre los períodos merovingios y carolingios, como por otra parte las que pesan sobre el conjunto del campesinado: el movimiento de homogeneización de los campesinos por colocación de los esclavos y por sometimiento de los libres, que tuvo lugar en el Bajo Imperio, resurge y se profundiza aún, pero con momentos de aceleración de la tendencia y otros de estabilización o retroceso.
Toubert: en Sabina, ya hacia el año 750, observa: “Es colono, generalizado mucho, el que disfruta pacífica y hereditariamente de una casa colónica, de una explotación agrícola completa, edificada en torno a la familia conyugal. Tanto los esclavos colocados como todos los libres tenentes y aún, algunas veces, observa, se dará el nombre de colonus, a un matrimonio dotado de una modesta portiuncula (??). Único criterio: la colocación puesto que nunca se ven esclavos prebendados, calificados de coloni, el gran problema es el de la colocación: una vez adquirida esta independencia real, debe acabar por seguir a ello la fusión con los colonos libres o tenentes diversos. Si para un esclavo prebendado el hecho de tener su portiuncula lo sitúa todavía lejos del tenente, se debe a que el esclavo perteneciente a la chusma continúa viviendo generalmente en los cobertizos o los dominios de la villa, come en la mesa y del pan de su amo, puede procrear, ciertamente, pero no constituye una familia conyugal.
En cambio, el tenente, el colono, vive a menudo (no se lee) en su cabaña aislada. El hábitat disperso de estos campesinos constituyó a veces una de las conquistas obtenidas durante los períodos de agitaciones étnico-sociales de las dos articulaciones de los siglos IV- V y IX- X, una conquista que fue la base de una mayor liberación.
Añadamos que estas tenencias en el siglo VII y por lo menos a principios del VII, no solamente en el lazio o en Italia, sino en Provenza, en Cataluña y en los países del Loira, parecen haber sido más a menudo censuales (con censo fijo o canon proporcional a la cosecha) que mansos clásicos con corveas, como en la villa “parisina” típica.
En la época de Carlomagno fue deducida la villa “clásica” de este período de reconstrucción del estado, y durante largo tiempo se admitió que las villae eran la principal forma de explotación de las tierras y de los hombres de aquel tiempo.
Faltaba todavía admitir la presencia de otros trabajadores , puesto que se encontraban prebendados libres de estatuto, pero pertenecientes al dominio, reclutándose entre la población supernumeraria de los mansos, viviendo ellos también del pan de su amo y en su casa o sus dependencias. Había aún casi-asalariados, mano de obra solamente complementaria, muy inestable, pero práctica por su movilidad, pagada con comida y habitación, no perteneciente al dominio, errando a menudo en bandas.
El sistema tipo no fue ciertamente tan general como se ha creído: por una parte, vitalidad de los pequeños propietarios, de las comunidades campesinas, de alodios medianos o grandes, por otra, existencia de dominios de muy diversos tipos, importancia de los sistemas dominiales centrados sobre las tenencias censuales, tal como ocurría con frecuencia. Pero al menos puede pensarse que hubo, en la época carolingia, una dominación económica y social de las villae de la aristocracia imperial con respecto a “todo el resto”, este sistema tendía a expandirse por influencia de las zonas más romanizadas sobre las más “salvajes” y, ante todo, por la propensión al acrecentamiento de las villae, extendiendo el amo del gran dominio su protección a los campesinos de los alrededores (por la encomienda). Estos se integraban poco a poco en el sistema de explotación constituido por el dominio, pagando primero un canon anual (capitación) y acabando por pasar de este estatuto de protegido a una dependencia apenas diferente de la del esclavo colocado.

b) Diversidad dominial.
Cuáles son las categorías dominiales que se reparten el suelo. Toubert distingue en Italia tres tipos dominiales durante los siglos VIII y IX:
El tipo “pionero” (Italia central y baja planicie del Po). Este tipo carece de “casa del amo” estructurada, posee pocos edificios patrimoniales importantes y no existen grandes superficies arables en reserva. Hay yuxtaposición sin integración de dos sectores, uno, el sector de provecho dominial, esencialmente pastoral con algunas viñas y olivares; otro, el sector de trabajo campesino, es decir, de los tenentes libres no sujetos a corvea alguna.
El tipo, quizá más antiguo, con reserva netamente orientada hacia el viñedo y el olivar, con mantenimiento de la presencia silvo- pastoral y ausencia casi total de cultivos cerealeros. La productividad directa está organizada alrededor de una casa del amo. Las corveas de los tenentes no son más que de algunas semanas por año, pero naturalmente bien escogidas, por ejemplo, en el momento de la cosecha de las olivas de la vendimia.
El tipo clásico, característicamente cerealeros, en las regiones y sobre los suelos aptos para este cultivo. Se encuentran, junto a las tenencias, vastas extensiones cerealeras con rendimiento directo.
La esclavitud en chusma había pues, desaparecido en el caso del dominio “pionero”, puesto que ya no existía en él, “casa del amo”, ni tampoco villa y estaba en trance de desaparición en el caso “clásico” por obra de la colocación de esclavos. En las zonas “fronterizas” del paso del dominio silvo- pastoril al cultivo ejercido por los tenentes, este movimiento no pudo hacerse solamente, ni ante todo, por una decisión del señor, sino por usurpaciones de hecho “forzadas” como consecuencia de la presión demográfica y principalmente posibles por la ausencia de la casa dominicata, es decir, del centro de vigilancia, de control y de represión y a la existencia de vastas zonas sin cultivar.

c) Un campesinado libre.
No solamente no nos encontramos en presencia de un único gran tipo de dominio, sino que había numerosos campesinos libres, propietarios de sus alodios, vinculados entre sí por sólidos lazos comunitarios. Los bárbaros no eran por sí mismos portadores de la libertad, en cambio tenían carácter liberador la crisis social del siglo III y, después, sobre todo, la de los siglos IV- V y el derrumbamiento del estado imperial. Los esclavos fugitivos, los esclavos colocados y los colonos disponen de los medios para lograr una cierta libertad real, se hacen amos de si mismos a menudo colectivamente. El movimiento de sumisión del campesinado resurge con los carolingios, pero a pesar de esta reacción social, de la tendencia a la especialización militar, de las nuevas formas del antiguo patronato, de las expropiaciones legales o de hecho, en la época de Carlomagno los libres alodiarios eran sin duda mayoritarios, tanto francos como autóctonos.
El mundo carolingio, lejos de ser sólo un conjunto estructurado de grandes dominios, es también un mundo de pequeños propietarios, estrechamente ligados entre sí en el seno de comunidades aldeanas en las cuales el poder es ejercido en las asambleas plenarias y donde incluso a veces la tierra puede ser redistribuida periódicamente.
Estos mismos campesinos libres de las comunidades aldeanas serían responsables de los progresos técnicos realizados en la Alta Edad Media: desmontes, difusión del arado y molinos construidos antes del ascenso del señor banal, por los campesinos colectivos.

d) De la “reacción” carolingia a las luchas sociales del siglo IX: crisis del señorío rural y “final” de la esclavitud.
La tendencia fue, sobre todo, durante el siglo VIII y la primera parte del IX, al ascenso del gran dominio, del esclavismo en chusma, al sometimiento de los campesinos libres y pobres, al incremento de las cargas de los tenentes humildes. Y si Carlomagno realizaba tales esfuerzos por mantener un vínculo militar con estos campesinos era porque su condición se hallaba profundamente deteriorada.
Durante este período (siglo VIII), de ascensión del orden carolingio, y después bajo Carlomagno y Luis el Piadoso, durante el apogeo y la primera fase de la decadencia, la relación de fuerza es favorable a los amos de las villae con respecto a sus tenentes, libres o esclavos colocados, lo cual refuerza la disminución de las diferencias entre las tenencias ingenuas y serviles. El lazo entre el estatuto del hombre y el de la tenencia tiende ya a romperse por los matrimonios mixtos, herencias.... y poco a poco el campesinado de los dominios tiene propensión a homogeneizarse, los antiguos colonos, tenentes libres, no se distinguen tampoco, por una parte, de los esclavos colocados y, por la otra, de los protegidos propiamente dichos. Continúa el proceso de señorialización, a pesar y gracias a la reconstrucción del Estado imperial. A pesar, puesto que la tentativa de reconstruir una coalición entre los grandes, de tipo estatista central, no puede hacerse más que por concentración de los poderes reales en manos de ese estado. Gracias, puesto que el renaciente estado imperial permite la represión interna, la aceleración de ese proceso de concentración de las tierras en manos de la aristocracia imperial de incremento de la explotación.
Pero la base social de este Estado queda muy restringida: el antiguo pueblo franco, libre y guerrero, los descendientes de los campesinos galorromanos que habían podido reafirmar algunas libertades colectivas durante la insurrección bagauda y las invasiones, el pueblo de los vici, los pequeños y medianos campesinos propietarios han sido, a pesar de las resistencias, triturados poco a poco por esta lógica de la gran propiedad. La guerra, y por consiguiente el pillaje, las razzias, tienden a volver a constituir la especialización de unos pocos. Cuando no queda más que un número restringido de hombres de guerra y de masas campesinas desarmadas, y por lo tanto cada vez más dependientes, el estado no puede sino debilitarse. De ahí el gran temor de Carlomagno a la rotura del vínculo directo entre el estado y los campesinos-guerreros, alodiarios e incluso francos-tenentes.
Y esta mutación estructural se articula con la última transformación de las relaciones de producción esclavistas ¡Los esclavos de la chusma dominial huyen o son colocados, los esclavos colocados son manumidos, los lazos de los tenentes se aflojan, las corveas dominiales se tornan difíciles de imponer!.
Lo que aquí nos interesa es el movimiento de manumisión colectiva ligado a las revueltas del fin de los carolingios.
Las guerras intestinas entre los grandes y en primer lugar entre los hijos de Luis el Piadoso y las invasiones externas no explican la muerte del imperio y de la renaciente administración central. Pero el proceso de concentración de las villae y de sometimiento de las masas campesinas, reforzado por el renacimiento estatal, condena este renacimiento al fracaso. El período de revueltas de los siglos IX y X es un momento clave de la lucha de clases. La imposibilidad social de la antigua forma de coalición de la clase dominante, reencontrada por un instante, modificada de nuevo y temporalmente, la relación de fuerza entre esta clase y las masas campesinas, tanto más cuanto que ellas no están todavía serializadas.
De ahí la fuerte resistencia, por parte de todos los explotados, a la sumisión al amo y al señor, a las cargas más importantes. Se pasa a la rebelión abierta de campesinos, en que la forma de lucha era principalmente un sordo combate social. La amenaza de huir a los parajes solitarios cercanos donde toda persecución era imposible y reunirse allí con las bandas colocadas fuera de la ley. Añadamos que en los antiguos vici, en las comunas campesinas externas al dominio o todavía pertenecientes a éste, puesto que habían sido total o parcialmente englobadas, la posesión colectiva de derechos, la solidaridad de la parroquia, dan nacimiento a las guildas, asociaciones cimentadas por el juramento contra los expoliadores. De ahí el miedo a estas conjuraciones y rebeliones que lleva a representar al campesino como predestinado al mal, feo y mancillado, como peligroso.
Por parte de los amos, la represión brutal, por supuesto, cuando ésta era posible, y también el retroceso en la productividad directa no solamente con relación a la parte en tenencia, sino totalmente.
Es pues posible que, entre el último final de la esclavitud en Occidente (acompañado de la crisis de la economía dominial y de los poderes públicos) y la nueva forma de coalición de los amos, los nuevos tipos de señoríos, hubiera lugar para un período de vagabundeo e inseguridad. Pero también de libertad colectiva, de desquite del campesinado libre, de reducción de la explotación. Hacia el año 900 hubo indudablemente un momento privilegiado en el que el sistema antiguo de explotación basado en el esclavismo, desapareció totalmente y en el que el nuevo sistema de explotación de tipo feudal no había nacido todavía.
En el siglo X se asiste al ascenso de un nuevo orden feudal. El aplastamiento de la rebelión campesina de Normandía al final del siglo X señala a la vez lo que queda de fragilidad, pero también la profunda solidez del orden nuevo de los señores. Hubo agravación de la lucha de clases en la conjunción de los siglos X- XI, sin duda, y eran los amos quienes manejaban el juego: la rebelión expresaba la exasperación contra el orden nuevo.

RESUMEN ANONIMO

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8 Agosto 2006

WICKHAM, Chris" La transicion en occidente" en AA.VV. Transiciones de la antigüedad al feudalismo. F.I.M. Madrid.1998.

El occidente parecía en muchos aspectos muy similar a Oriente en el 400, pero distinto en el 600. Oriente con un sistema fiscal sustentando un estado financiero de manera independiente, mientras que Occidente carecía del mismo.
La causa de esta diferencia era las invasiones germánicas en Occidente. Las figuras militares con escasa instrucción que mandaban sobre la aristocracia civil tradicional del Imperio romano no eran algo nuevo en el siglo V; los emperadores habían procedido en su mayoría de la clase militar de la frontera desde el 200 dC:. La única diferencia en el 500 era que sus orígenes estaban precisamente al oro lado de la frontera.
Los ostrogodos y los francos parecen haber tenido planes claros para recentralizar. Una reinvencion del imperio occidental por parte de los amalos o merovingios era una clara posibilidad política.
A pesar de todo, occidente siguió estando fragmentado y en muchos aspectos se germanizo. Entro en un proceso de crisis irreversible durante el siglo IV.
Para John Haldon la crisis del sitema no era irreversible y lo demuestra utilizando tres categorías; el destino de las ciudades, el sistema fiscal, y la estructura de las elites.
• Las ciudades eran las unidades autónomas tradicionales del mundo romano, gobernadas por sus curiae o concejos urbanos. Al igual que en Oriente perdieron autonomía desde la época de Diocleciano. La legislación del siglo IV es una fuente de quejas curiales contra el exceso de impuestos.
En occidente mucho mas que en Oriente, las principales familias aristocráticas no eran las de los concejos.
En el siglo V encontramos una nueva figura política local, el obispo. Las elites urbanas intentaron convertirse en obispos. Estos pasaron a representar a sus ciudades; las curiae, demasiadas envueltas en la crisis económica, desaparecieron. Los complejos episcopales son las principales obras de edificación de las ciudades romanas tardías.
Esta concentración en torno a la iglesia separo todavía mas a la sociedad urbana occidental del destino del estado.
Las historias regionales son muy diferentes en ese sentido. En los reinos germánicos, las ciudades efectivamente decayeron. Las clases hacendadas no abandonaron las ciudades. Centraron sus miradas en su obispo local. Dicho territorio se convirtió en la unidad política básica en los siglos posteriores. La antigua aristocracia senatorial transregional se desvaneció con su fuerza destruida por las nuevas divisiones políticas.
• El sistema fiscal. Las ciudades sobrevivieron mejor que en Oriente, el sistema de impuestos sobre la propiedad territorial no lo hizo. La falta de unidad política fue a la postre fatal para el sistema impositivo porque la estructura fiscal romana dependía de la coherencia mediterránea.
En la Galia y España, los reinos germánicos se hicieron cargo de los gobiernos provinciales locales de manera mas paulatina. Los reyes germánicos habrían cobrado impuestos si hubieran podido y asi lo hicieron de acuerdo con su capacidad.
Cualquier posibilidad de integración interregional en Europa occidental termino cuando el sistema fiscal se paralizo. La política descentralizada " feudal" de la tierra empezó de este modo.
La forma básica en la que los campesinos son explotados, es decir la extracción de excedentes por parte de agentes externos mediante el uso , o la amenaza, de la fuerza, no cambia. Aun cuando el agente externo sea el estado en lugar de un propietario particular.
Pero la abolición de la extracción independiente de excedente por parte del estado, además de la realizada por propietarios, fue un cambio sistémico de primera magnitud.
• Las elites. En las sociedades preindustriales las elites se sustentan, en su mayoría, en la tierra. De esta manera se crean las elites, y se estabilizan, de abajo a arriba: la propiedad de tierras trae consigo poder. Algo ha dado lugar a esas transformaciones y ese algo es el cambiante sistema político.
La descentralización del mundo romano obligo a la aristocracia senatorial a descentralizarse a si misma, o en caso contrario hubiera desaparecido.
Por otro lado la nueva debilidad fiscal tuvo como resultado que el control que los reyes podían ejercer sobre las elites locales era mucho mas limitado. El poder estaba regionalizado. Y cada región era también diferente, con diferentes modelos de poder.
Mantener algún tipo de control central sobre este conjunto de realidades diferentes se hizo cada vez mas difícil, incluso cuando las sociedades locales se resignaron a aceptar la interferencia central, la política local basada en la posesión de tierra termina por dominar hasta ocupar el centro de la escena política.
Se produjeron dos momentos de crisis en Occidente entre mediados de los siglos V - VI. La crisis de mediados del V era la del estado unitario y el sistema fiscal. La de mediados del VI es menos evidente. Hacia el 600 incluso la misma Africa parece estar en crisis y sus pocos centros importadores como Roma, Napoles y Marsella, reciben cada vez menos de sus productos, la crisis del sistema parecía hacer mella en las regiones.

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